Cómo ahorrar calefacción

Cómo ahorrar calefacción

 

Ante un panorama de permanentes subidas de los precios de la energía -gasoil, electricidad o gas- es fundamental adoptar ciertos hábitos que permitan la reducción de la factura de calefacción sin prescindir del confort térmico necesario.

El aislamiento y la ventilación controlada son clave para mejorar el ambiente interior, evitando fugas de calor y climatizando las estancias adecuadamente.

 

10 CONSEJOS PARA UNA CLIMATIZACIÓN EFICIENTE 

1. Aislamiento térmico de fachadas y cubiertas exteriores

El aislamiento es la primera defensa contra las fugas de calor. Una vivienda mal aislada necesita más energía para ser calentada, lo que aumenta considerablemente la factura a pagar a final de mes.

No somos conscientes del despilfarro de energía que se produce porque el calor que se pierde por paredes, cubiertas o ventanas no se ve. Sólo puede verse con una cámara de infrarrojos. Las principales fugas de calor se dan por: paredes (35%), techos (25%), , suelo (15%), ventanas (10%) y rendijas y cerramientos, marcos y molduras de puertas, cajetines de persianas enrollables sin aislar, tuberías y conductos … (15%).

No es necesario pagar por el calor que se escapa por zonas mal aisladas.

Tan importante es crear la temperatura ideal como mantenerla. Un aislamiento adecuado permite obtener una temperatura interior uniforme y confortable, sin tener que subir el termostato ni tener encendida permanentemente la calefacción.

Aislar correctamente una casa puede suponer una reducción en el consumo de energía de más del 50%. La ventaja del aislamiento es que resulta rentable en poco tiempo, por el ahorro de energía que conlleva.

2. Aislamiento de ventanas y puertas

Unas ventanas y puertas lo más herméticamente posibles evitan las infiltraciones externas de aire frío, agua y humedad, y minimizan la formación de condensaciones y mohos en el interior.

-Ventanas dobles o de doble cristal  pueden reducir las pérdidas de energía a la mitad. Los vidrios tipo planitherm, con revestimientos de baja emisividad, dejan salir o entrar un 40% menos de calor.

-Marcos de madera o los marcos con rotura de puente térmico  evitan la conducción de calor por ellos y las condensaciones, mejorando el confort interior. Unas ventanas mejoradas pueden reducir el gasto de climatización en un 15 – 20 % en lugares de clima severo, y en climas más suaves prácticamente pueden hacer prescindible la climatización activa.

-Colocar burletes  adhesivos de espuma o caucho en los cierres de las ventanas y en la parte inferior de las puertas para evitar que el frío del exterior entre y enfríe la casa.

-Sellar tapas de persianas para evitar la entrada continua de corrientes de viento del exterior.

3. Control de la temperatura de la calefacción

La temperatura a la que programamos la calefacción condiciona el consumo de energía. Por cada grado que la aumentamos, se incrementará el gasto en un 7%.

Aunque la temperatura de confort sea subjetiva, una temperatura entre 20-21°C es suficiente para la mayoría de las personas. Por la noche, en los dormitorios basta con una temperatura entre 17-19° para dormir plácidamente. Por la noche, se recomienda apagar la calefacción y no volver a encenderla hasta después de haber ventilado.

En invierno, en casa, también hay que ir abrigado. No es cuestión de ir en manga corta en pleno invierno. Tener la temperatura por encima de los 21º es un gasto extra innecesario.

Es recomendable tener un termostato programable o válvula termostática en los radiadores para regular la temperatura del hogar según las necesidades de sus habitantes. Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), “son soluciones accesibles, fáciles de colocar y que pueden conllevar un ahorro de energía entre un 8% y un 13%”.

Los termostatos programables permiten fijar las temperaturas en diferentes franjas horarias e incluso para fines de semana. Así, se puede programar para que la temperatura baje en 4ºC o 5ºC al salir de casa y que vuelva a subir justo antes de volver. Una vivienda vacía no necesita la misma temperatura que cuando hay alguien dentro. La calefacción puesta todo el día supone un derroche de energía. Regúlela según sus horarios.

4. Optar por un sistema de calefacción eficiente y económico

Tantea las ofertas de las distintas compañías y elige la energía y la tarifa que te sea más rentable y mejor se adapte a tus necesidades.

El uso de acumuladores, tarifas nocturnas… consiguen un ahorro económico importante.

Es recomendable tener una calefacción por elementos independientes, regulables individualmente, en función de la necesidad de los usuarios de la vivienda.

5. Ventilar la casa

Todos los días. 15 minutos son suficientes. Aprovechando las horas más calientes del día 12-16h en invierno, y evitando hacerlo en horas más frías.

Evitar hacerlo con la calefacción encendida. El frío exterior provoca la pérdida de calor interior, siendo más costoso volver a calentar el interior nuevamente.

Es recomendable aprovechar la entrada de calor y luz solar durante el día abriendo persianas. Cerrarlas por la noche para evitar pérdidas de calor por las ventanas y cristales.

La vida diaria genera gran cantidad de humedad en el interior de la vivienda. En casas mal ventiladas esa humedad acumulada genera condensaciones y formación de mohos característicos. El uso de deshumidificadores regularmente ayuda a contrarestar ese exceso de humedad. En zonas húmedas como Galicia esto es importantísimo.

6. Cubiertas/azoteas verdes o ajardinadas

Las plantas regulan el exceso de humedad y las infiltraciones. Un techo cubierto parcial o totalmente por vegetación, ya sea en suelo o en un medio de cultivo adecuado, permite reducir la energía que se pierde por las cubiertas y mejora la climatización del edificio. Se calcula que un buen aislamiento de la cubierta podría reducir la factura energética en un 20 %.

7. Aislar las tuberías e instalaciones de agua caliente y de climatización

Puede reducir las emisiones asociadas en un 5%, al reducir las pérdidas de energía entre la máquina y el punto de consumo (grifos, radiadores, fan-coils…) Esfundamental el control de la temperatura delagua en función de la temperatura exterior, con válvulas de ajuste tanto en los termos o depósitos de agua caliente como en los radiadores.

8. No tapar los radiadores

Estufas o elementos calefactores. Con ropa húmeda, elementos decorativos, muebles ni poner objetos delante o próximos. Se dificulta la emisión de calor y aumenta el consumo de energía.

Es recomendable poner aislantes reflactarios detrás de los radiadores (láminas de corcho, membranas térmicas…) para que el calor que desprenden se proyecte en su totalidad hacia la vivienda. No hacia las paredes que dan al exterior.

Colocar radiadores en zonas medianeras, mejor que en fachadas exteriores.

9. Revisar el sistema de calefacción 

Antes de los meses fríos. Un adecuado mantenimiento de la instalación puede implicar un ahorro de energía de hasta el 15%.

Revisar los radiadores o unidades terminales: es recomendable, una vez al año, al inicio de la temporada de máximo uso, purgar los radiadores, sacar todo el aire que contengan hasta que deje de salir. La presencia de burbujas de aire en el circuito dificulta la transmisión de calor al exterior.

Revisar la caldera periódicamente: además de ser peligrosa, una caldera que no funciona correctamente contamina y consume entre un 10% y un 15% más. 

10. Si es posible, elegir viviendas eficientes

Orientadas a zonas soleadas, Sur y oeste. Que aprovechen el calor natural del día. La colocación de ventanas hacia esta orientación sur y oeste es fundamental.

Con componentes constructivos de calidad. Aislamiento térmico, protecciones, ventanas y sistemas eficientes, que hagan que consuma poca energía durante su uso. Viviendas con orientación a zonas soleadas son más eficientes.

Ubicar las estancias de más uso en zonas sur, suroeste y oeste. En las zonas más frías y norte ubicar las estancias menos usadas (garajes, trasteros, armarios…) Esto actuará como una defensa aislante de la casa.

Elegir viviendas con certificado energético A o lo más alto posible. Esto asegura que consumen menos energía. Las viviendas con una mejor etiqueta energética son más eficientes, tanto energética como económicamente.

 

 

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